Las manos de mi mamá

Las manos de mi mamá2
Escriben los versos
más bellos,
borran los defectos
de mi ortografía.
Usan un poder cálido
e insospechado
al tocar mi pelo
y peinarlo.
Colocan platos,
curan heridas
con su pomada bendita,
con el mismo mimo
que tocan mis miedos
y los diluyen.
Apagan la luz en mi cuarto
para que pueda
dormir y soñar ligero,
no sin antes
haber acariciado
mi faz transmitiendo
un halo
de feliz serenidad
en mi reposo.
Hacen cuentas,
abren puertas,
cierran ventanas 
si llueve,
amainan tormentas,
amasan horas y días,
llenándolos de cariños,
calman,
cuando hace falta,
mi atribulada deriva.
Y van su canción tocando
con esa dulce,
constante,
amorosa melodía,
que va nutriendo mi alma
algo confusa y perdida,
que, torpe,
tantea un mundo
que poco a poco descubre.
Son tus manos, 
madre mía,
las que
me orientan aquí, 
mientras voy
aprendiendo a manejarme
en medio
de la turbulencia.
Poderosas herramientas,
divinas hadas de afecto
que alimenta.
Incondicional, sincero.
A través de ellas puedo
sentir que he venido
seguramente
de esa Fuente
que es corriente
infinita de Amor Puro,
¡Madre, TE QUIERO!

 

 

 

Fiel a una llamada interna

Ambrosia dulce nectar

Le dedico esta poesía a todos los y las poetas que siguen la voz de su alma para expresar y compartir aquello que brota de su interior. Seguir esa guía interna es un camino de coherencia y crecimiento seguro.