Pequeño petirrojo


Un precioso petirrojo
me estaba esperando allí,
en ese lugar divino,
un día antes de abril.

No se inmutó al acercarme
mientras miraba con calma.
Lo tuve a unos céntimetros.
¡Aún se me alegra el alma!

Se iba, pero volvía,
en su bola de plumaje,
hermosa y mullidita,
abrigadora y suave.

Nos miramos largo rato
en muy grata compañía.
Contigo la primavera
se adelantó varios días.